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martes, 2 de mayo de 2017

101km Peregrinos, Ponferrada


Este es uno de los retos al que hace años le teníamos ganas, pero que nos echaba para atrás la “jartá” de kilómetros que teníamos que hacer para llegar hasta Ponferrada, León. Pero mira por donde, este año el calendario se alía con nosotros y hace que caiga en el puente del 1 de Mayo, no nos pensamos ni dos segundos nuestra participación. Así que el viernes 28 a las 7 de la mañana estábamos sentados en el coche rumbo a tierras leonesas.
A media tarde ya estábamos haciendo un poco de turismo y buscando los sitios de tapeo que nuestro amigo Nacho nos había recomendado, por supuesto muy buenos. Aunque decidimos no pasarnos mucho pensando en la fiesta que nos esperaba al día siguiente.
Y llegó el gran día, llegamos al pabellón del Toralín a las 7:30, tenemos que dejar la bolsa para el cambio del 49. Además tienen que hacer control de chips antes de que entrásemos en la zona de salida. A las 8:30 dan la salida a los ciclistas participantes y media hora después salimos los corredores del ultratrail y el ultramaratón.
Los primeros kilómetros los hacemos por la ciudad pasando por la zona del castillo templario, salimos de la ciudad por el puente de Boello y atacamos las primeras tachuelas. Por supuesto la estrategia es la de siempre, subir cuestas caminando y trotar en las bajadas y zonas corribles.

Así que sin problemas pasamos los primeros pueblos donde están los avituallamientos, muy bien atendidos por los voluntarios que nos dan ánimos. Llegamos al 36, oigo que me llaman y veo que es Alo García, de Cartagena, con la que compartimos unos cuantos kilómetros contándonos nuestras cosicas.
Y llegamos a la comida y cambio de ropa, 49, busco asistencia médica, la pierna izquierda me ha estado dando follón, un poco de spray "milagroso" y me recupero enseguida. Aquí nos llegan las dudas sobre que ropa nos ponemos, en ese momento no hace mucho frío además son las 16:30, aunque sabemos que empezaba lo peor. Nos informan que en la cima del Ferradillo hace mucho aire y frío. Por lo que se nos disipan las dudas y salimos con la ropa de abrigo. Durante unos kilómetros nos molestó pero que al final descubrimos que fue la mejor opción.
Y empezó la fiesta de verdad, porque si hasta ese momento fue un sube y baja constante, pero sin muchas complicaciones, a partir del 53 empezaban los toboganes que nos tenían que llevar al punto más alto, El Ferradillo a casi 1500 metros de altitud, pero que hasta llegar a él pasamos varias tachuelas memorables. Además el viento fuerte hacía que el polvo que nos acompañó durante todo el recorrido se levantara y al meterse en los ojos los complicase todo aun más. Llegamos al 66, ya me he tenido que quitar varias veces las zapatillas por la tierra, pensaba que iban a salir ampollas, menos mal que eso no pasó.
Ya voy helada, el jefe me recomienda no parar mucho. Me tomo un café y un sándwich. Los soldados que están atendiendo el punto están tan helados como yo. El café me templa un  poco. Y empezamos a subir de verdad al Ferradillo, se hace interminable. Vemos la zona que se quemó la semana pasada, no entiendo como alguien puede hacer eso con algo tan bonito.
Nos toca sacar los frontales, ya que se nos echa la noche encima. La bajada del Ferradillo se me hace tan pesada como la subida, dos rachas de viento están a punto de tirarme al suelo. Durante buena parte de la noche vamos solos. El Jefe, me pregunta si había visto muchas mujeres de mi categoría, le contesto que no tengo ni idea ya que es algo que no me preocupa.
Seguimos atacando las tachuelas y llegando a los pueblos donde estaban los avituallamientos, en algunos espectaculares, con caldo contundente que templó el cuerpo y la mente. Además de muchas cosas típicas que pudimos degustar. Y llegamos al 90, empiezan las complicaciones. Mi rodilla derecha decide que ya tenía bastante por ese día, empieza a fallarme y noto como se va hinchando. El Jefe me pregunta si quiero retirarme, me niego, le digo que con un poco de réflex y con un ibuprofeno podía terminar, siempre y cuando no fuésemos muy rápidos. Así que los últimos 18 los hicimos a paso de tortuga. Como todavía quedaban tachuelas, cada subida se hacía interminable y cada bajada me mataba. Además ya nos acompañaba un fina lluvia, que si le daba por caer de verdad iba a complicar las cosas mucho, por la tierra suelta. Cuando empecé a ver los carteles que anunciaban los últimos kilómetros me vine un poco arriba. Así que una vez que entramos al paseo del río que sería el tramo final, me entraron las prisas por terminar. Después de 19:22 llegábamos los dos a meta. Habíamos terminado los 108 km según el GPS, (105km según el track de la organización, 35km subiendo, 35 bajando y 35 llaneando), con un desnivel acumulado de 7400m. Al final el Jefe se salió con la suya, quedé 3ª de mi categoría, pero no pude ir a recoger mi premio, ya que era a las 9:30  y me fue imposible levantarme.
La experiencia ha sido muy bonita, el haber podido disfrutar de un bonito paisaje aunque el trazado es "durillo". Corriendo por parte  del camino de Santiago de invierno, calzadas romanas, calzada real, por las Médulas. Pasar por la comarca del Bierzo, con sus pueblos y su gente que nos daban ánimos. En fin toda una experiencia.
Gracias a los voluntarios, tanto los militares como la gente del lugar, que vivió la prueba tanto como nosotros, daba alegría verlos en la noche,  en la calle, con una hoguera esperando a los participantes.
El domingo, cuando conseguimos salir "del coma" nos metimos entre pecho y espalda un cocido con su botillo y demás acompañamiento... pero eso es otra "guerra".

2 comentarios:

paco dijo...

Felicitaros porque tremenda panzá a kms yo ni me la planteo, al final me quedaré con las ganas jeje. Un saludico.

Encarni Loaisa dijo...

Parece una novela Angela!! Tan bonito y tan duro....sois la caña!!